martes, 2 de octubre de 2012

MODELOS PEDAGÓGICOS

Los modelos son constructos o construcciones mentales. El modelo es, pues, un instrumento analítico para describir, organizar e inteligir la multiplicidad presente y futura, la mutabilidad, la diversidad, la accidentalidad y contingencia fácticas que tanto han preocupado al hombre desde siempre, desde su empresa de control del caos, del azar y de la indeterminación irracional.

Los modelos técnico – ingenieriles intentan construir cosas nuevas, seres artificiales.

Los modelos pedagógicos tradicionales intentan más bien normativizar el proceso educativo que entenderlo, lo que no ocurre con los modelos contemporáneos.

Los modelos filosóficos son estrategias globales para reflexionar sobre todas las cosas reales e imaginarias.

Modelos Pedagógicos son representaciones esenciales de las corrientes pedagógicas.

1.  EL MODELO PEDAGÓGICO TRADICIONAL.

Este modelo enfatiza la “formación del carácter” de los estudiantes para modelar a través de la voluntad, la virtud y el rigor de la disciplina, el ideal humanista y ético, que recoge la tradición metafísico – religiosa medieval. En este modelo, el método y el contenido en cierta forma se confunden en la imitación y emulación del buen ejemplo, del ideal propuesto como patrón y cuya encarnación más próxima se manifiesta en el maestro. Se preconiza el cultivo de las facultades del  alma: entendimiento, memoria y voluntad, y una visión indiferenciada e ingenua de la transferencia del dominio logrado en disciplinas clásicas como el latín o las matemáticas. El método básico de aprendizaje es el academicista, verbalista, que dicta sus clases bajo un régimen de disciplina a unos estudiantes que son básicamente receptores. La ilustración ejemplar de este método es la forma cómo los niños aprenden la lengua materna: oyendo, viendo, observando y repitiendo muchas veces. Es así como el niño adquiere la “herencia cultural de la sociedad” representada ésta en el maestro como la autoridad.

2.  EL TRANSMISIONISMO CONDUCTISTA.

Este modelo se desarrolló paralelamente con la creciente racionalización y planeación económica de los recursos en la fase superior del capitalismo, bajo la mira del moldeamiento meticuloso de la conducta “productiva” de los individuos. El método es básicamente el de la fijación y control de los objetivos “instruccionales” formulados con precisión y reforzados minuciosamente. Adquirir conocimientos, códigos impersonales, destrezas y competencias bajo la forma de conductas observables, es equivalente al desarrollo intelectual de los niños. Se trata de una transmisión parcelada de saberes técnicos mediante un adiestramiento experimental que utiliza la “tecnología educativa”. Su más prestigioso exponente es Skinner.

3.  ROMANTICISMO PEDAGÓGICO.

Este modelo pedagógico sostiene que el contenido más importante del desarrollo del niño es lo que procede de su interior, y por consiguiente el centro, el eje de la educación es ese interior del niño. El ambiente pedagógico debe ser el más flexible posible para que el niño despliegue su interioridad, sus cualidades y habilidades naturales en maduración, y se proteja de lo inhibidor e inauténtico que proviene del exterior, cuando se le inculcan o transmiten conocimientos, ideas y valores estructurados por los demás, a través de presiones programadas que violarían su espontaneidad. El desarrollo natural del niño se convierte en la meta y a la vez en el método de la educación. El maestro debe liberarse, él mismo, de los fetiches de alfabeto, de las tablas de multiplicar y de la disciplina ser solo un auxiliar o un amigo de la expresión libre, normal y espontánea de los niños. El ideólogo de este modelo es Rousseau, y en el siglo XX se destacan Illich y A. S. Neil, el pedagogo de Summerhill.

4.  DESARROLLISMO PEDAGÓGICO.

La meta educativa es que cada individuo acceda, progresiva y secuencialmente, a la etapa superior de desarrollo intelectual, de acuerdo con las necesidades y condiciones de cada uno. El maestro debe crear un ambiente estimulante de experiencias que faciliten en el niño su acceso a las estructuras cognitivas de la etapa inmediatamente superior. En consecuencia, el contenido de dichas experiencias es secundario; no importa que el niño no aprenda a leer y a escribir, siempre y cuando contribuya al afianzamiento y desarrollo de las estructuras mentales del niño. Dewey y Piaget son los máximos exponentes de este modelo.

5.  PEDAGOGÍA SOCIALISTA.

Propone el desarrollo máximo y multifacético de las capacidades e intereses del individuo. Tal desarrollo esta determinado por la sociedad, por la colectividad en la cual el trabajo productivo y la educación están íntimamente unidas para garantizar no sólo el desarrollo del espíritu colectivo sino el conocimiento pedagógico polifacético y politécnico y el fundamento de la practica para la formación científica de las nuevas generaciones; el desarrollo intelectual no se identifica con el aprendizaje – como creen los conductistas – ni se produce independientemente del aprendizaje de la ciencia, como creen  los desarrollistas. Sus representantes mas destacados son Makarenko, Freinet, y en América Latina Paulo Freire. La enseñanza puede organizarse de diferentes maneras y la estrategia didáctica es multivariada, dependiendo del contenido y método de la ciencia y del nivel de desarrollo y diferencias individuales del alumno.


Obsérvese bien que para los románticos, lo mismo que para los desarrollistas, los que interesa es el desarrollo de los sujetos, no el contenido del aprendizaje ni el tipo de saberes enseñados, el cual podría ser indiferente. Para el conductismo la enseñanza de las ciencias es una tarea de acumulación lineal de información mediatizada por el lenguaje; y para la pedagogía socialista la enseñanza de las ciencias es tan importante que se constituye, ella misma, en el mejor “remolque” del desarrollo intelectual de los jóvenes. Por esto, mientras la enseñanza de las ciencias apenas se puede mencionar en el modelo pedagógico romántico, en el socialista interesa prácticamente todo el modelo, ya que la enseñanza de las ciencias esta presente no sólo en los contenidos, en la relación profesor – alumno y en los métodos didácticos sino que sustenta, al menos parcialmente, los fines educativos y la dinámica del desarrollo.

BIBLIOGRAFÍA.

*        Rafael Florez Ochoa: “Hacia una Pedagogía del Conocimiento”, Editorial: McGraw-Hill, Colombia, 1994.

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